Hay días en los que la luz no es la que uno espera… pero sí la que una historia necesita.
La sesión de posboda de Enric y Loli comenzó en una tarde nublada, con un cielo suave que envolvía cada momento en una atmósfera íntima y sincera. Sin artificios, sin prisas… solo ellos dos, caminando juntos y dejándose llevar.





Enric y Loli disfrutaron del paseo con total naturalidad, sin prisas, viviendo el momento mientras yo iba captando todo tal y como sucedía, sin forzar nada.














































































A medida que avanzaba la tarde, la luz se fue apagando poco a poco, como si el día quisiera dar paso a algo más especial. Y entonces llegó la magia.

Cuando el pueblo empezó a iluminarse, las farolas se convirtieron en testigos silenciosos de su amor. Bajo esa luz cálida, Enric y Loli se abrazaban, se miraban… y en cada fotografía se podía sentir algo real, algo profundo. No hacía falta más.





Al final, la sesión fluyó sola, con esa mezcla de calma y emoción que a veces aparece sin buscarla. Una tarde sencilla, real y agradable, que terminó dejando un buen recuerdo y unas fotografías llenas de verdad.
Marcos Bersabe
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